Reseña sobre ‘Myself’, primera parte de la saga de Adrián González

Desde que era un niño, Adrián González sintió fascinación por los videojuegos y los juegos de rol, los cuales siempre han influido positivamente en su imaginación. Así, durante su juventud, diseñó cinco juegos, a los que añadió sus propias ilustraciones. Pero fue en la facultad cuando, sin abandonar estas pasiones, se dio cuenta de que escribir era lo que de verdad le motivaba. Tras un duro trabajo de aprendizaje de manera autodidacta, nos presenta Myself, su primera novela publicada por una editorial y primera parte de la saga homónima.

Katarina, la protagonista, quiere salvar a su hija Sara, la cual vive en la realidad virtual de Myself desde que nació. Myself, además de ser un mundo ideal donde no hay guerras, conflictos o maldad, es una red social tipo Facebook donde los usuarios pueden comunicarse a través de mensajes, comentarios públicos, fotos, opiniones, etc. Katarina lleva una vida solitaria, sin más acompañamiento que sus anotaciones infructuosas sobre cómo sabotear Myself. Pero un día, cansada de la situación, decide arriesgarlo todo por lo que cree correcto y así dar a la humanidad un verdadero futuro.

Como puede percibirse, la novela está claramente influenciada por los juegos de rol que tanto apasionan a Adrián González. Junto a este formato de videojuego de aventura, se hallan las redes sociales y la reflexión sobre las mismas, puesto que se presentan como la única forma de comunicación y, por tanto, como las sustitutas del lenguaje hablado y de las relaciones directas y reales entre personas.

Siguiendo con el trasfondo de Myself, vemos que el mundo externo también es virtual: el trabajo no lo realizan personas, sino máquinas y todo está construido de manera artificial. Ya no existe la pobreza, la guerra o el mal, pero tampoco el libre albedrío. Las personas viven en un supuesto mundo ideal que han logrado a cambio de perder su libertad. Aunque este tema de la realidad virtual y las máquinas nos queda demasiado lejos como para que la ciencia ficción sea solo ciencia, podemos reflejarnos en la situación del libro.

El sistema que hemos creado dice lo que debemos hacer, nos movemos por él más por obligación o por miedo que por decisión propia. Creemos que nos ayudará a conseguir el pack completo de felicidad, pero ¿lo hemos logrado? ¿Somos felices? No hay mucha diferencia entre la situación que nos propone Myself y la realidad que podemos palpar cada día. Estamos atados a un modelo equivocado y, como a los personajes, nos resulta difícil ver más allá y tomar decisiones verdaderamente libres.

Con estas reflexiones, caminamos por la novela hasta un desenlace sorprendente. Vamos haciendo nuestras cábalas, pero no podemos prever lo que el autor nos ha preparado. Y esto se produce gracias a dos elementos: por una parte, el ritmo. De manera constante, están sucediendo cosas; al igual que la protagonista debe convertirse en toda una heroína para luchar contra los enemigos, apenas tenemos tiempo para asimilar los acontecimientos, por lo que Adrián González consigue dejarnos en el punto que quiere para golpearnos con el último giro de la historia. Solo podemos respirar en los momentos en lo que Katarina vuelve a su casa, pero son escasos; únicamente son partes necesarias para aflojar la cuerda, cada vez más tensa, aunque sin llegar jamás a romperse, ya que el discurso es coherente y no hallamos lagunas o fisuras que nos impidan disfrutar del relato. Con una acción tan condensada y tan bien desarrollada, resulta tremendamente fácil impulsarnos hacia delante y continuar con la lectura.

La otra parte se refiere a los personajes, en especial, claro está, a nuestra heroína particular: Katarina. Desde el primer segundo, entendemos su causa y queremos unirnos a ella. Su profundidad nos conmueve y nos vemos arrastrados hasta Myself. Katarina es nuestra protagonista, narradora y la historia misma, pues el universo que ha creado el escritor Adrián González cobra sentido gracias a su fuerza. Sus líneas están delimitadas por unos trazos tan sólidos que quedamos atados a su visión sin rechistar. Adquiere tal dimensión que no defrauda, mientras los demás personajes acaban cumpliendo su misión de apoyo, de coro que acompaña a la voz principal sin desentonar, permaneciendo en su discreto plano para elevar el acto final.

Myself reúne los ingredientes principales del género y el autor los sabe explotar para entretenernos al mismo tiempo que nos hace reflexionar. Pues en la vida, como en la novela, problema y solución se encuentran en nosotros mismos. Después de esta sólida y hábil primera parte, seguro que el autor nos dará más gratas sorpresas en el futuro.


  • Nombre: Adrián González.
  • Género: novela de ciencia ficción.
  • Bio: Adrián González creció en una pequeña ciudad del interior de Buenos Aires en los años 80. Desde muy pequeño, tuvo el placer de poder disfrutar de las primeras consolas de videojuegos y con cada generación de ellos. Alentó así su imaginación, que explotó a los trece años cuando conoció los juegos de rol; en aproximadamente cinco años, logró crear unos veinte juegos, incorporando, en el transcurro, un estilo autodidacta de dibujo. Pasó el tiempo y siguió con cada una de las cosas que le apasionaban, hasta dar con el libro exacto que desbordaría todo el entusiasmo que algún día quería transmitir. En la facultad, entendió que lo suyo no era la historieta, sino la escritura. Fue de esta forma cómo, hace unos tres años, decidió convertirse en escritor. Trabajó duro en un mundo donde apenas tenía conocimiento, se esforzó, creó, reescribió y volvió a crear Myself, su primera novela y su inicio como profesional.
  • Página web del autor: https://lasescriturasdeqetra.wixsite.com/home

Libro: Myself (parte 1)

 

Disponible en:

Entrevista a Adrián González, autor de la saga 'Myself'

12 marzo, 2018

Entrevista a Milton Paredes, autor de 'Noche de cuentos... y poesía'

12 marzo, 2018

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