¿De qué se ocupa un editor?

Las funciones del editor

Definir la labor de un editor en pocas palabras sería tan simple como decir que es aquel que se dedica a «hacer libros». De hecho, es así, pero desde luego no es tan simple como se piensa. En muchos casos, editar un libro requiere de muchos esfuerzos.

Y aquí hablamos tanto de lo que se hace a nivel interno en una editorial como a nivel externo. La elaboración de un libro es una cosa y el funcionamiento que pueda tener a nivel comercial es otra. Ambas, claro está, fundamentales tanto para el autor como para la editorial. Sin embargo, la tarea del editor arranca desde mucho antes. Veamos, grosso modo, algunas de las tareas más importantes que todo editor lleva a cabo:

Línea editorial

Para conformar un catálogo atractivo, el editor se encarga, primeramente, de establecer qué línea editorial trabajará. La toma de decisiones al respecto puede responder tanto a gustos personales en cuanto a un determinado género (novela negra, poesía vanguardista, nueva narrativa latinoamericana, literatura erótica, ciencia ficción, realismo sucio, clásicos rusos, etc.), como a la valoración que se tenga de cada uno de ellos en el mercado.

Es verdad que muchas editoriales apuestan por un catálogo variado, pero también las hay aquellas que se «especializan» en un género o dos y, a partir de ahí, establecen «series». El conocimiento del género en cuestión, de los nichos comerciales, así como la intuición y la experiencia del editor aquí son determinantes.

 

Selección

Una tarea de suma importancia que responde a la pregunta: ¿A quién publicar? Aquí, el editor muchas veces desempeña el rol de «cazatalentos» y se dedica a identificar a aquellos autores o libros que podrían destacar en el mercado según la línea editorial establecida. En el caso de que se tratase de traducciones, deberá conocer todo lo relevante a la cesión o compra de derechos de autor, así como los del traductor.

Si la editorial dispone de una sección de «recepción de originales», deberá ser capaz de descubrir aquellas voces relevantes y empezar a seleccionar las que considere con más potencial estético y/o comercial. En algunos casos, recibirá propuestas por parte de agentes literarios o recomendaciones de amigos editores.

Asimismo, también podrá realizar una especie de «rastreo» en las redes sociales, plataformas de autopublicación, revistas o blogs especializados en literatura, fallos de premios literarios o en las listas de los más vendidos o más solicitados que suelen publicar ciertas librerías.

Cuando ya se tienen algunas propuestas concretas, entra en escena el consejo editorial quienes, mediante consenso, opinarán al respecto y ayudarán al editor a tomar la decisión más conveniente.

 

Producción

Luego de haber elegido el autor a publicar, el editor debe coordinar y dirigir el proceso de «manufacturación» del libro. Mientras se va pensando en cómo será el libro (el objeto: cubierta, interiores, etc.), el editor se reunirá con el autor para establecer las condiciones de la publicación, mediante un contrato que deberán acordar y firmar ambas partes (editorial-autor).

Lo siguiente sería preparar el texto y acondicionarlo al modelo de las publicaciones de la editorial. El editor encargará una revisión por parte de un corrector ortográfico. De este trabajo y de la lectura del propio editor, surgirán ciertos aspectos que se comunicarán al autor siempre en pos de mejorar o enriquecer su trabajo.

De nuevo, las sugerencias y consejos (nunca imposiciones) del editor serán importantes para potenciar la calidad del libro y su pretendido éxito en las librerías. En ese sentido, la relación que debe generar un editor con los autores deberá basarse en la confianza. El autor, pues, debe saber que la editorial trabajará y pondrá a disposición todos sus recursos para dar a conocer su obra y, por lo tanto, su nombre, casi como si se tratase de una «marca».

Siempre, eso sí, desde expectativas «reales». Quién más que el editor para saber hasta dónde puede llegar como editorial. Volviendo al proceso de publicación del libro, el editor deberá estar al tanto y supervisar minuciosamente todos los procesos importantes: correcciones, levantado de texto, maquetación, diseño de cubierta, impresión, aspectos legales, etc.

 

Distribución del libro

De poco sirve que todo lo anterior se haya llevado a cabo a cabalidad si luego no se cuenta con las vías adecuadas para «poner en circulación el libro». Quizás esta sea una de las tareas más difíciles para un editor. Debido a la enorme cantidad de editoriales existentes, resulta complicado encontrar una empresa efectiva que acepte «distribuir» cualquier tipo de libro.

En realidad, las mejores distribuidoras o las más conocidas trabajan a partir de «catálogos» (eso ya dice mucho) y no suelen arriesgarse a prestar sus servicios a editoriales demasiado pequeñas o desconocidas. No obstante, siempre hay algunas alternativas para editoriales «independientes» o «emergentes» (asociándose con otras editoriales del mismo rango, por medio de plataformas de venta online, creando convenios con libreros, etc.).

El punto es hallar el camino correcto para llevar el libro al lugar más conveniente en las cantidades y tiempo adecuados. El objetivo: que el libro llegue al mayor número de lectores posible. He ahí la complejidad del asunto.

 

Difusión y marketing editorial

Además de poder distribuir adecuadamente un libro, el editor debe responsabilizarse de organizar o generar una buena estrategia para promoverlo o promocionarlo. Poseer ciertos conocimientos de marketing facilitará sin duda dicha tarea.

Lo primero, contactar con el área de cultura de medios de comunicación, enviar reseñas o entrevistas a revistas especializadas en literatura, idear campañas de difusión de libros a través de las redes sociales y, sobre todo, organizar tantas presentaciones como sea posible. Todo esto supone una serie de esfuerzos que va desde lo mero organizativo hasta lo económico. Y dependerá, pues, de los recursos, contactos o colaboraciones con los que cuente la editorial.

En la actualidad, hay agencias de servicios editoriales dispuestas a cumplir con este cometido: darle más visibilidad al autor y a su libro. En ese sentido, el editor deberá saber qué es lo más conveniente: realizar el trabajo por cuenta propia o contratar servicios externos.

Las editoriales tradicionales (especialmente las más conocidos en el mercado), estas son las funciones más destacadas de un editor. Sin embargo, ¿qué ocurre cuando un autor se decanta por el camino de la autopublicación de libros o de la coedición? En el primero caso, dependiendo de sus expectativas, él deberá asumir el propio rol del editor. Es decir, él será su propio editor.

Por eso mismo, el resultado de su «gestión» no siempre será el más satisfactorio (exceptuando, claro está, que dicho autor posea los conocimientos y la experiencia adecuados de la profesión [editor]). Ante tal situación, optar por la coedición, no es una mala salida. En la mayoría de los casos, las editoriales de coedición llevan a cabo las mismas acciones que una editorial tradicional. En otros, las acciones son parecidas. Más allá de dichas acciones, reparemos en las ventajas:

  1. El proceso de selección no es tan riguroso como el de las editoriales tradicionales. En dicha mecánica no se trata de qué es lo que piense el editor sino más bien de qué valoración haga el lector. En pocas palabras y, ante un hecho totalmente subjetivo, son los lectores quienes tienen la última palabra en cuanto al éxito de lo publicado. Para ilustrar este punto, recordemos que algunos de los grandes escritores pasaron por situaciones de rechazo antes de poder publicar: Joyce, Asimov, Faulkner, Kipling, Saroyan, etc. La autora de Harry Potter, por ejemplo, fue rechazada doce veces antes de encontrar editorial para el primer libro de la saga. 50 sombras de Grey, por otro lado, se dio a conocer mediante la autopublicación y, a partir de ahí, ya sabemos lo que ocurrió.
  2. El tiempo para que el libro vea la luz se reduce considerablemente. A algunas editoriales tradicionales les toma alrededor de un año o más, mientras que a las de coedición les tomará tres o cuatro meses, o incluso menos.
  3. Las regalías y su porcentaje pueden variar. La estrategia de las editoriales de coedición se basa en la idea de que el autor pueda recuperar algo de la inversión hecha a la hora de contratar los servicios, por lo tanto, el porcentaje por ventas suele ser un poco más alto. En el caso de las editoriales tradicionales, primará la inversión que hayan hecho ellas y se centrarán en recuperarla. En el caso de la autopublicación, es el autor el único beneficiario de las ventas. No hay intermediarios.
  4. El autor puede estar más al tanto de las ventas de su libro. Usualmente cada tres, seis meses o un año, el autor recibe un informe de parte de la imprenta (el método de las editoriales de coedición para imprimir no es por «tirajes» sino mediante la impresión bajo demanda (POD), con lo cual puede llevar un control más inmediato de sus regalías o porcentajes por venta. Asimismo, los precios de los libros (tanto en formato físico como digital) son estipulados de mutuo acuerdo entre editorial y autor, y normalmente suelen ser precios más accesibles para el lector. En el caso de los e-books, la diferencia es significativa. Ello permite que más lectores puedan hacerse con el libro, lo cual viene muy bien cuando se trata de autores nóveles o desconocidos.

Como ves, ventajas hay, pero lo importante a resaltar aquí es que de todo esto también se encarga un editor, conjuntamente con un equipo de profesionales. No hay motivos, pues, para no confiar en los procesos de coedición.

 

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