Consejos para no convertirte en un mal escritor

Un aspecto bastante llamativo dentro del mundo de la literatura es ese halo de «celebridad» que suele adjudicárseles a los escritores en general. En la mayoría de los casos, esto se debe a la calidad de sus obras, a sus trayectorias, a la huella que han dejado o están dejando en la literatura. Que todo mundo esté de acuerdo, esa es otra historia.

Sin embargo, hay otros aspectos que también son foco de atención: sus inclinaciones políticas, su forma de vestir o de aparecer retratado en fotos, su controvertida vida personal, sus manías a la hora de escribir o de «socializar», su manera de dar entrevistas o de evitarlas, sus roces con otros escritores, sus gustos musicales, etc.

Para los más puristas, lo único que debería primar para valorar a un escritor es su obra. Pero lo cierto es que hay muchos que admiran o idolatran a determinado escritor de manera integral: su obra y su vida personal.

A raíz de ello han surgido ciertos comportamientos basados en la más pura imitación, especialmente en autores nóveles o en vías de convertirse en autores, que no siempre están en sintonía con lo que escriben. Dichos comportamientos, hábitos o tendencias pueden asociarse con los llamados falsos amigos.

Sí, los falsos amigos son como esas personas que, sin conocerte o conociéndote poco, hablan muy bien de ti, te ponen por las nubes y te abrazan a la mínima de cambio. Te viene bien tenerlos cerca, sin duda, pero es probable que al final no te resulten demasiado beneficiosos. Veamos algunos de los más frecuentes:

 

1. Los clichés literarios

Para ser un buen escritor no hace falta que te pases tardes enteras en cafés, en bares o en tertulias literarias. No es necesario que seas asiduo a las presentaciones de libros ni que hagas alarde de tus lecturas «exclusivas».

No hace falta que tus post en FB tengan cientos de «likes» ni que tengas la suerte de ser amigo del escritor o de tal poeta. Tampoco que de un día a otro lleves gafas de pasta, barba o un gabán en pleno verano. O de que te definas a ti mismo como «rarito» o «diferente».

Y menos de todas esas «selfies» repetitivas con gestos de iluminado o de «maldito», abrazando libros o con un pipa, que posteas frecuentemente en las redes sociales. Por encima de toda esta suerte de «postureo», debe estar tu obra. Siempre. No lo pierdas de vista. Y si ni siquiera la hemos leído, pues mal comienzo. Olvídate de figurar y ponte manos a la obra: produce.

 

2. Familia y círculo de amistades a la hora de valorar tu libro

No tiene nada de malo que tu familia, pareja sentimental y amigos aprecien lo que escribes. De hecho, contar con ese apoyo es determinante para ganar confianza. Pero ojo, todo tiene sus límites y sus desventajas. Procura no fiarte de todo lo bueno que te digan. Acuérdate de que sus opiniones pueden estar basadas en el cariño que te tienen. Y sobre todo, no te conformes ni te «sientes en tus laureles».

Busca otro tipo de lectores. Prueba abriendo un blog, por ejemplo, para recibir un feedback más objetivo por parte de desconocidos. Somete tu escritura a juicios ajenos. Si desde el inicio empiezas a encajar con sensatez las críticas, el camino será más fácil.

 

3. El autodidactismo

Al igual que en el punto anterior, formarse como escritor por medios propios no tiene por qué dar malos resultados. Probablemente muchos de los autores que admiras, hayan forjado su carrera literaria así: por su cuenta, lejos de ciertos círculos literarios y del academicismo.

Sin embargo, no descartes la formación. Tomar cursos de escritura creativa, narrativa, etc., te pueden servir de mucha ayuda. No sólo para aprender aquello que desconoces sino para que otros valoren lo que escribes.

En cuanto a la autopublicación, está bien, pero debes estar consciente de varios aspectos: sin una buena difusión de libros, es difícil que tu libro se dé a conocer. Aunque Amazon sea el portal de referencia en ventas, no significa que tu libro te hará rico de la noche a la mañana.

Evita que esta idea anide en tu mente. Antes de autopublicar un libro, repara en la siguiente cuestión: «¿Quiénes deseo que me lean: mis amigos o cualquier lector en general?». La primera opción, dale casi por sentada. La segunda, quizás no ocurra. O a lo mejor sí, pero en la medida que te esperas.

 

4. La experimentación

Iniciar una posible carrera literaria experimentando no siempre es la mejor alternativa. Usualmente, muchos autores se pueden permitir esa posibilidad luego de una carrera ya encaminada, luego de haber alcanzado cierto reconocimiento.

Si estás dando tus primero pasos, opta por aquello que realmente crees que dominas. Escribe con las herramientas que conozcas y no te compliques la vida. Para experimentar, también se necesitan conocimientos, especialmente de los géneros así como de los registros lingüísticos.

Si no tienes en cuenta esto, tu narrativa (novela, cuento, etc.), por ejemplo, puede adolecer de prosismo vacuo, barroquismo, lirismo, escritura automática, mezcla de géneros mal asimilados, excesivas descripciones por encima de las acciones… en fin, de lo que comúnmente se conoce como «paja mental».

Si tu idea es «romper con lo establecido» porque «estás harto de lo que se publica hoy en día», piénsatelo dos veces. No vaya ser que quien no logre publicar un libro nunca seas tú mismo.

 

5. «Yo escribo para mí. El lector no me interesa»

Este «statement» puede ser muy válido y hasta respetable. Al final de cuentas, cada autor es libre de ser y actuar como le parezca. Pero… ¿cuál es la finalidad entonces de la escritura, del quehacer literario? ¿Leernos a nosotros mismos? Eso es como si los grandes equipos de fútbol dijeran: «Nosotros jugamos para nosotros. Vamos a jugar todas las competiciones a puerta cerrada y sin acceso a la prensa ni a las televisoras».

Imagínate que hubieran dicho lo mismo Borges, García Márquez, Poe o Virginia Woolf. Lo que se puede desprender de esta actitud es un problema con tu ego, o bien, falta de talento o ignorancia. Si pretendes que tus escritos no sean públicos so pretexto de que no estás de acuerdo con las críticas o con la calidad de los libros que se publican asiduamente, dedícate a algo en donde «publicar» no sea uno de los objetivos primordiales del asunto. Sin receptor (lector), no existe el hecho literario.

Da igual que hayas escrito una veintena de novelas. Para el mundo en general, es como si no hubieras escrito nada. Es así de sencillo.

 

6. Las publicaciones precoces

Todo a su debido tiempo. En muchos casos, los editores perciben cierta prisa por parte del autor a la hora de querer editar un libro. Si has finalizado tu primera novela, no quieras publicarla al día siguiente. Sí, estás emocionado y lo que has hecho tiene un mérito, pero serénate un poco y deja que lo escrito repose un tiempo.

Pasadas unas semanas, vuelve al texto y revísalo. Probablemente la idea que tenías semanas atrás ya haya cambiado. Es normal y de hecho a la mayoría de escritores les pasa. Escribir implica reescribir, releer, corregir, tirar mucho de lo escrito a la basura, pulir, plantearse nuevas perspectivas, nuevas salidas.

Si estás consciente de este proceso, no hay duda de que el resultado será mejor valorado y las publicaciones llegarán de un día a otro. Si se te presenta un panorama de inseguridad, puedes acudir a un profesional para que te redacte un informe literario.

O, incluso algo más sencillo. Puedes ir compartiendo capítulos o fragmentos en tu blog o intentarlo en alguna revista. De esta forma, verás algunas reacciones y saldrás de dudas.

 

7. La ambición del escritor

Si para escribir lo que te mueve es la idea de hacer dinero con las ventas de tu libro, no creas que estás en una situación fácil. La mayoría de best-sellers están escritos por autores que «dominan a la perfección» determinado género. Quizás no estén contribuyendo mucho a la historia de la literatura, pero escriben con propiedad y saben conectar con los lectores.

He ahí su éxito. Para que el público te conozca y compren tu libro, deben suceder muchos factores. El mundo editorial puede ser despiadado y tú puede que seas uno más de los millones de autores que están detrás de ese sueño. Antes que una decepción, céntrate en lo inmediato y guarda tu ambición para más adelante.

 

8. Inversión del proceso

Cuidado con el narcisismo. Antes de que empieces a presentarte como escritor en tu círculo de amistades, en tu entorno laboral, en tus perfiles de redes sociales, cuando asistes a una cita o a una cena que incluye nuevas amistades, reflexiona un poco acerca de qué es ser escritor, de qué es lo que consiste.

Parece descabellado, pero tener un libro publicado, una publicación en proceso o inédita pueden no significar nada.

De hecho, hay autores inéditos o que buscan constantemente publicar que bien podrían superar en calidad a muchos escritores reconocidos. Por otro lado, hay autores que, luego de varias publicaciones, siguen pasando desapercibidos. Todo es relativo.

Así que no inviertas el proceso y, aunque te suene a pleonasmo, empieza por el principio. Fórmate, preocúpate por conocer el oficio, lee y escribe mucho. Y que no te ocurra que, luego de ir acumulando cuentos, novelas, poemas, textos, etc., te choques con la realidad y caigas en cuenta de que no ibas por el camino idóneo.

 

Por regla general, estos falsos amigos pueden repercutir en el desarrollo de tu posible carrera literaria. Con todo, no se puede generalizar ya que las excepciones existen.

Pocas, pero existen. Lo importante es que estés al tanto de estas peculiaridades, por si no lo estás o no te resultan familiares. En el caso de sientas que estás incurriendo en alguna de ellas, que seas lo suficientemente capaz de decidir qué hacer o cómo actuar al respecto.

 

 

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5 Thoughts on Consejos para no convertirte en un mal escritor

  1. Ya publiqué un libro , fui finalista en varios concursos y estoy en antologías .No encuentro editor para mi segundo libro , hace diez años que hago radio .

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